Vendrán seis años duros, durísimos, sin embargo, sigo creyendo que el peor de los escenarios era Josefina.
Ahora sucederán algunas cosas inevitables, dada la mayoría priísta en el Congreso:
Se consolidará el outsourcing en la reforma laboral, aparecerán algunos derechos nuevos de los trabajadores, más de papel que de facto. Ser joven independiente en este país va ser algo más difícil de lo que ya sabemos.
Habrá inversión privada en el PEMEX, es decir, crecerán las cifras de ingreso por petróleo, pero se mantendrán más grandes las ganancias del extranjero que las propias.
La CTM y el SNTE volverán a ostentar un poder que no habían tenido desde hace 20 años, controlarán el rubro fabril y el educativo.
Las cifras de calidad en la educación se elevarán, pero la calidad en sí será la misma.
Vendrá una inyección dura de programas sociales, al estilo panista, es decir con control social y manipulación ideológica en el subdiscurso, con perfil al 2018.
Se abrirá la posibilidad de la introducción de la pena de muerte.
Se abrirá la posibilidad seria de capital extranjero en la electricidad.
La reforma política será un estira y afloja entre los diversos grupos del PRI, que puede terminar en su no aprobación en todo el sexenio o en la aprobación de una reforma incompleta a propósito.
La figura de contraloría, como no se veía desde hace cuarenta años, volverá a ser de adorno o de simulación, más que nada un instrumento para castigar desobediencias.
El IFE perderá la ciudadanía que lo caracteriza, se verá en los comicios locales de 2015.
La Suprema Corte no será noticia en seis años.
La tecnificación del campo y el desarrollo sustentable, como la educación líneas arriba, serán cifras infladas.
No habrá un crecimiento económico superior al 3 por ciento.
Es posible un enfriamiento de relaciones entre el Estado y la Iglesia, pero nunca habrá falta de concilio.
El tema de equidad de género será materia de pequeñas reformas constitucionales, solamente.
La criminalidad de los cárteles continuará en exceso, pero sin grandes enfrentamientos con el Estado como no sean simulados.
Este será un sexenio de simulaciones.
No habrá apertura en las telecomunicaciones, aunque se avecinan inversiones duras que lo aparentarán, quizá haya un tripolio de oscuras licitaciones.
Quienes dijeron que se iban a ir del país en este caso, vayan haciendo sus maletas. Les avisaremos cuándo regresar si es que suceden las condiciones.
Quienes nos quedaremos, debemos asumir que el retroceso 80 años no existe, las condiciones mundiales no lo permitirán y dentro de dos años seguramente ya contaremos con las suficientes herramientas (las que ahorita, mientras guardamos silencio incómodo en las redes sociales, quisiéramos tener y no tendremos) para elaborar el mecanismo que usaremos para defendernos como soberanía (asumo que nosotros somos la soberanía, no el concepto abstracto de la Constitución).
Por el momento la tarea que nos compete no es fácil:
1.-No dejar que nos vean como el animal atropellado que parecemos, debemos seguir con nuestras actividades y teniendo la mayor la alegría que podamos conseguir, no les demos el gusto de regodearse en nuestras heridas, luto prohibido.
2.- Contralorizar las votaciones recientes, sin paz.
3.- Observar con análisis intenso el desempeño del tricolor en el poder, no olvidar que su fortaleza será su debilidad si lo empleamos bien.
4.- Y el más importante. Reconocer que el Pueblo de México sigue sin madurar suficiente para dirigir su vida pública, y una vez pasada la controversia reconociendo el resultado electoral o no, emprender una campaña de creación de organizaciones sociales de instrucción política y electoral, sin caer en la enseñanza de lo que ahora serían utopismos, sino una enseñanza de cómo trabajar con el poco poder político que tenemos y los modos de hacerlo crecer.
Morena fue es muy grande, pero no basta. Necesitamos “alfabetizar” políticamente a la población. Lenin dijo precisamente que ese sería el papel de las juventudes, educar al pueblo, para que no caiga lastimosamente ante caramelos como hoy ha caído.
5.- Viene un régimen de naturaleza represiva. El trabajo, bueno o malo de #YoSoy132 y Anonymous debe continuar en estos momentos, es crucial por que si se detiene habrá un margen de “paz” que permitirá al gobierno justificar la violencia si posterior a esa paz hay nuevos movimientos. Es decir, conservar la desobediencia civil como práctica común y evitar que se convierta en un comportamiento excepcional.
6.- No esperanzarse al 2018. Ebrard, la posibilidad virtual de la izquierda, no la tendrá fácil luego de seis años de gestión priísta, y para entonces ya habrán creado su gallo. ¿Qué hacer? Por favor, releer los puntos anteriores.
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